Serie “El Cardenal”, 1989
La serie, El Cardenal, aborda la imagen como territorio de poder y de imposición simbólica. La figuración aparece fragmentada y velada, privada de estabilidad y de cualquier pretensión de autoridad visual. Rostros y cuerpos no se ofrecen como representación, sino como superficies intervenidas.
El gesto rojo, utilizado de forma reiterada y consciente, funciona como seña simbólica de identidad. No es un recurso expresionista ni ornamental, sino una inscripción que interrumpe la imagen y la señala, estableciendo una tensión entre apropiación, censura y persistencia. La figura no desaparece, pero queda marcada y cuestionada.
La técnica mixta responde a una necesidad conceptual: fracturar la imagen para evidenciar sus mecanismos de construcción y control, negando la posibilidad de una lectura cerrada o definitiva.
Tras la mirada de Sherrie Levine, 1989
Serie El Cardenal · Técnica mixta sobre bastidor.
La obra establece un diálogo crítico con las estrategias de apropiación de Sherrie Levine, cuestionando la autoría y la autoridad de la imagen. La figura aparece velada y desplazada, sometida a un proceso de erosión visual que impide su lectura como imagen estable. La apropiación se transforma aquí en intervención material y simbólica, no como cita, sino como toma de posición crítica.
Transición pictórica — etapa de búsqueda (1988–1991)
Tras la fase de apropiación y señalización, la obra entra en una etapa decididamente pictórica y de investigación material. El interés se desplaza desde la cita crítica hacia la superficie: coloraciones diluidas, veladuras, empastes y capas de resina convierten el lienzo en un campo de experimentación cromática y táctil.
Aparecen series de módulos y motivos recurrentes —anillos, formas ovoides y ojos— que actúan como unidades formales sobre las que se proyecta la indagación compositiva. La imagen ya no se interrumpe para ser cuestionada; se construye y se descompone desde dentro.
La tensión entre figura y abstracción se resuelve mediante el color y la textura. Los planos geométricos funcionan como límites y generadores de espacio pictórico, mientras que la seriación introduce ritmo y pone en cuestión la singularidad de la obra. Esta etapa evidencia una búsqueda coherente, menos reactiva y más proyectual, que amplía el campo de la serie hacia la pintura como investigación de la materia, la memoria y la forma.
Etapa de encuentro — consolidación de formas simbólicas y arquitectónicas (c. 1991–1994)
A comienzos de la década de 1990, la obra entra en una etapa de encuentro y consolidación formal que supone un punto de equilibrio dentro del proceso iniciado en los años anteriores. Tras la fase de apropiación crítica y la posterior etapa de investigación pictórica y material, el trabajo se orienta hacia la afirmación de un vocabulario propio, basado en la presencia de formas simbólicas de carácter arquetípico y una relación cada vez más consciente con el espacio.
Las piezas de este periodo se articulan en torno a volúmenes geométricos elementales —prismas, troncos cónicos, anillos, plataformas escalonadas— que remiten tanto a estructuras arquitectónicas como a dispositivos simbólicos. Estas formas no se integran en un fondo narrativo ni en un contexto reconocible: aparecen aisladas, suspendidas sobre campos cromáticos neutros, despojadas de cualquier referencia ambiental. La supresión del fondo no implica vacío, sino concentración. La forma se convierte en acontecimiento visual autónomo.
La sombra adquiere en esta etapa un papel decisivo. No se trata de un recurso ilusionista, sino de un elemento estructural que ancla la forma en el espacio pictórico y establece una relación precisa entre presencia y distancia. La sombra señala peso, orientación y emplazamiento, pero también introduce una dimensión metafísica: la forma existe por sí misma y, al mismo tiempo, remite a algo que la excede. En este sentido, la pintura se aproxima a una concepción casi mística del objeto, entendido como signo y como umbral.
El color se utiliza de manera contenida y funcional. Gradientes suaves, contrastes controlados y una paleta reducida modelan el volumen sin recurrir a la mímesis naturalista. La geometría se maneja con rigor, evitando tanto la frialdad constructiva como el exceso expresivo. Cada decisión formal responde a una lógica interna que refuerza la estabilidad y la claridad del conjunto.
Esta etapa representa una madurez conceptual y plástica: la obra abandona la confrontación directa con la imagen heredada para afirmarse como sistema simbólico propio. Las formas ya no interrumpen ni cuestionan un discurso externo, sino que organizan sentido desde su sola presencia. Arquitectura mínima, signo y espacio mental confluyen en una pintura que propone una experiencia de contemplación silenciosa y sostenida.
Gran formato y confluencia de búsquedas
Primera exposición individual en Madrid
Galería Artarte, calle Montesquínza – apertura
En esta fase el trabajo se despliega a gran escala y reúne los hallazgos de etapas anteriores: apropiación crítica, investigación material, geometría simbólica y arquitectura mínima. Los soportes de gran formato permiten que las formas —prismas, discos, plataformas escalonadas, signos modulados— recuperen la fuerza de íconos arquetípicos y dialoguen con el espacio expositivo de manera más contundente.
La Galería Astarté se abrió en 1994 con un propósito claro: consolidar trayectorias, pero también servir como plataforma a jóvenes creadores activos, tanto dentro como fuera de España.
En sus comienzos esa apuesta por relevo generacional se desplegó en un entorno cultural que multiplicaba las iniciativas de visibilidad para artistas emergentes. Programas como el ciclo Arte Joven en Paradores —orientado a promocionar y difundir el trabajo de jóvenes artistas a través de exposiciones itinerantes— ilustraban el clima de apoyo institucional a nuevos talentos en aquel momento.
Desde entonces, la galería ha mantenido esa mirada dual: jóvenes creadores y artistas ya reconocidos, dentro de un proyecto que evoluciona pero conserva su orientación inicial. La trayectoria de Astarté es, así, la de un espacio fundado en la apuesta temprana por voces nuevas, que ha ido consolidando presencia y visibilidad en el circuito madrileño y más allá.
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