Sobre dos procesos de trabajo. Mi trabajo reciente se articula en dos procesos claramente diferenciados , unidos por una misma investigación sobre la imagen, la memoria y la representación, pero desarrollados mediante estrategias formales y conceptuales distintas. E l primer proceso se centra en la construcción de imágenes como espacios de pensamiento. Obras articuladas a partir de la superposición de capas —pintura, dibujo, collage y estampación— generan campos visuales inestables, donde lo natural, lo cultural y lo íntimo conviven sin jerarquía. El jardín aparece como metáfora de un territorio mental y subjetivo: un espacio habitado, mediado y no transferible. La imagen no se presenta como evidencia, sino como estrato; no afirma, sugiere. La pintura asimila códigos contemporáneos —tramas, puntos, transparencias— manteniendo una relación directa con la materialidad y el tiempo del hacer manual. En este contexto, la figura del mirlo introduce un desplazamiento del punto de vista...
Habito el jardín de un mirlo Habito el jardín de un mirlo Técnica mixta sobre tabla. 30 × 60 cm. 2025. La obra se organiza como un campo de capas: pintura, collage textil y huellas gráficas que impiden una lectura estable del espacio. Sobre esa superficie aparecen dos elementos: un mirlo trazado con línea violácea y la impresión directa de una hoja de fresno. Ambas imágenes funcionan como presencias ligeras, atravesadas por el fondo. El texto repetido — Habito el jardín de un mirlo — introduce una posición más que una descripción: el jardín como lugar de experiencia antes que como territorio definido. En continuidad con Tu jardín no es mi jardín , esta obra insiste en la diferencia entre territorio y experiencia. El jardín existe solo en el acto de ser habitado: por el mirlo, por la mirada, por el pensamiento que se demora. Habitamos aquello que no controlamos.